Publicado el Deja un comentario

Amor a lo artificial

Como los enigmas del amor no fueron resueltos, la humanidad optó por crear un amor artificial. Un amor perfecto sin dolor y sin pérdidas.

La cola hacia la farmacia es inmensa. Ya tengo mas de 5 horas de pie bajo este maldito sol y falta dos horas más para que se oculte. Hoy la ciudad amaneció seca. El pavimento brota vapor, el calor lo sientes tanto por las plantas de los pies como en el coronilla de la cabeza. Hoy mi paciencia está puesta a prueba. Y pensar que esto, que al final de esta travesía podré solucionar un problema en mi vida, quitarme todo ese dolor que tengo en el alma, ocasionado por una obsesión hacia Evelyn. Hice de todo, le di la vuelta al mundo, renuncie a mis sueños, solo para estar un instante con ella. Pero no, las cosas no salieron como quería, simplemente ella agarró sus maletas y se fue sin decir nada. Es que su rostro hace meses lo decía, su ausencia de expresión, su falta de sonrisa. Ahora prefiero arrebatarme este dolor de golpe.

Llegó mi turno. Siento algo de miedo, me tiembla las manos, pero no se porque me siento así. No se si es por la inyección o por perder la facultad de amar. Mi vecino y su pareja se inyectaron, desde entonces no escucho las discusiones, a cambio se oye mas seguidos los gemidos de su esposa. Si es así, si es por eso, para que Evelyn pueda ser feliz todas las noches o por lo menos una vez a la semana, lo voy hacer, lo voy a intentar, sabiendo aún que no hay vuelta atrás.

Desperté en mi cama y mi ex esposa Evelyn estaba al lado, algo preocupada. Tome la iniciativa de inyectarme sin consentimiento de ella.

– ¿No crees que es enfermizo lo que acabas de hacer? – Dijo Evelyn. Su mirada es penetrante, me siento juzgado, pero en realidad no me interesa.

– No, para nada, lo hice por mi, para acabar con este dolor – Mis palabras salieron solas, secas, hasta yo quede sorprendido del tono de mi voz, uniforme, sin altos ni bajos.  

– Si es así me alegro por ti, me tengo que ir – Dijo ella.

Antes que se levantara tome su mano lo más rápido que pude, fue una reacción automática, sin pensar. – No te vayas –

– Lo siento, aunque tomarás esta decisión las cosas no han cambiado entre los dos – Sin decir nada más se fue. Le agradezco mucho por ayudarme, cuidarme después de inyectarme, pero si deseaba que se fuera.

¿Que tanto he cambiado después de esa inyección? Lo voy a poner a prueba.

Evelyn es una mujer de 35 años, altura promedio, piel blanca y pálida. Le encanta ir al trabajo en tacones negros y marrones oscuros, complementar  con minifalda negra, blusa blanca, cartera negra, peinado sencillo y un maquillaje bien trabajado. Su cuerpo es muy sensual, de resto no me molestaba su ausencia de color en la piel, era blanca con pocas tonalidades rosas. En sí muy bella. Ahora tengo en mi mano los beneficios de esta droga, droga legal: “La química del amor será reducida en lo más mínimo posible, dando oportunidad de segregar al cerebro otras sustancias positivas. El dolor del amor será eliminado completamente de tu sistema” En vista de esto decidí vigilar, observar cada uno de sus movimientos, quiero saber como transcurre su nueva vida. Solo pasó 17 días, lo suficiente para dejarse coger por otro hombre. Estoy aquí en la azotea de un edificio mirando casi directo al departamento de Evelyn. Por la ventana no puedo observar nada, las cortinas cubren la visión, pero eso no es problema, hace dias instale mini cámaras por toda su morada. Estoy viendo la acción en vivo y directo desde mi computador portátil. A los minutos me di cuenta que no sentía nada, ni rencor, ni lastima, ni dolor, ni una erección. No sentía absolutamente nada.

 

Ahora puedo concluir que la inyección tuvo efecto. Tome mis cosas y me fui con un aire de tranquilidad.

Este es mi maldito trabajo. Todos los días llegan máquinas para reparación. Mi taller o mejor dicho el taller que me asignó la oficina es pequeño pero tiene todas las herramientas para poder trabajar. A ellos le conviene que tenga las herramientas adecuadas, les conviene que haga bien el trabajo, pero solo eso, de resto nada más le interesa, solo acumular dinero. En realidad soy ingeniero en robótica, pero como hay muchos profesionales y pocas vacantes del área, solo pude encontrar este trabajo. En raras ocasiones llegan robots para reparación, es allí cuando me alegro, cuando mi rostro cambia a bien.

– Este modelo tiene fallas, no sigue el patrón de órdenes que fue asignada, pero igual creo que no fue creado para esta función – Dijo Anlly, ella se encarga de buscar los clientes y transmitirme a mí los requerimientos.

– En efecto este modelo no fue creado para ello, voy a escanear su disco debe existir algún archivo de funcionamiento y allí veremos – Al decir esto Anlly sonrío, me miró fijamente a los ojos, me extendió el informe del cliente, lo tome pero su mano muy sutilmente toca la mía, busqué su mirada pero ella volteó rápidamente la vista.

– Me tengo que ir, hablamos luego – Esta vez si me miro fijamente a los ojos. ¿Puede ocurrir algo entre los dos? ¿Es correcto estar con un chica que sea 15 años menor?

Ya acostado en mi pequeña habitación, mirando el techo incoloro, reflexione acerca de Anlly. Si de verdad pueda ocurrir algo con ella debería escribirle de una vez y no dejarlo para más tarde. Es que las mujeres son como las olas del mar, tienes que aprovechar el punto más alto que puedan alcanzar, después la ola al llegar a la orilla pierde su fuerza y no vuelva a ser la misma. Si quisiera domar otra ola tendría que esperar en la orilla sin tener la certeza de cuándo será marea alta y los vientos actúen con violencia. Le escribí, su respuesta fue si.

Durante estos seis últimos meses todo fue perfecto, en la tercera salida tuvimos sexo y a partir de allí se originó un compromiso, es que deseo decir algo mal, algo malo de la relación, pero no me puedo engañar a mi mismo, en realidad estoy sorprendido que las cosas están saliendo bien. No es porque Anlly sea la mujer perfecta, de hecho vi muchas fallas en ella, detalles como por ejemplo dejar la puerta del baño abierta mientras hacía sus necesidades, se que algunas parejas tienen esto de costumbre, pero a mi me disgusta, lo veo de mala educación. Lo hable con ella, lo entendió y nunca volvió a dejar la puerta abierta. La relación surgía con total normalidad.

Esta noche estoy solo, Anlly fue a salir con sus amigas. Me fastidia estar en tiempo de ocio, no se que hacer. Estoy viendo la laptop por el rabillo del ojo. Me levanto de la cama, me siento frente al computador para encenderla. El logo del sistema pasa de forma veloz, no puedo detallar los detalles. Estoy en mi sesión, veo cada icono del escritorio. Allí está la aplicación de las cámaras espías. ¿Que tiene de malo darle doble click? Sin pensarlo dos veces procedí. La ventana abrió y de una cargo todas las vistas de las cámaras. Encontré a Ella en su habitación, se ve un poco desanimada, parece que ha perdido peso. Empieza a llorar. Se calma y a los cinco minutos entra su amante. Discuten, él la golpeó de tal forma que una línea de sangre tiñe la pared. Quedé en shock, no puedo creer que esté sucediendo esto. Estoy sorprendido, no por el hecho de dejarse golpear si no, de tener tan baja autoestima y aguantar las porquerías de un desgraciado. ¿Qué puedo hacer ahora? Mejor me quedo tranquilo, ya esos no son mis asuntos. Anlly llegó, aunque estaba medio dormido y el computador apagado pude sentir cuando se acostó sobre la cama.

 

Anoche vi como golpeaban a Evelyn, a partir de allí he estado pensado mucho sobre ese asunto. No puedo quedarme de brazos cruzados, pero mi estado, la nueva sustancia que recorre mi sangre, me quita energía, es como si me arrebatará toda potencia con la capacidad de hacer algo por ella. Pero Evelyn es mucho más que un recuerdo, una historia o un ex amor, es una persona que está sufriendo, no puedo quedarme tranquilo sin hacer nada.

En la mesa de la sala de estar veo un folleto con rótulos muy grandes que decía: Vuelve a sentir amor, nosotros tenemos una nueva dosis. Según, con lo poco que pude leer y entender, existe otra dosis donde se regenera toda la química del amor a un estado original y puro. Si es así podría llegar a sentir algo nuevamente por Evelyn, y esta vez pena o rencor. Telefoneé el número y me atendió un operador:

– ¿Me puedes decir nuevamente la dirección para escribirla?, por favor – Pregunte.

– Marlin 145, oficina 4B – El operador responde con un tono de fastidio.

– Muchas gracias, solo tengo otra duda, ¿Cuánto tiempo pasará para volver a la normalidad? Es que estoy algo urgido – Volví a preguntar.

– Podemos incrementar la dosis y así hará efecto mucho más rápido – Escucho esa voz metálica que sale del mi teléfono móvil.

– Si, quiero proceder de esta última forma –

– Costará el doble, ¿Está de acuerdo? –

– No hay problema, tengo el dinero – Terminado esto colgué.

Al salir de la consulta me sentí muy débil, baje lo más rápido que pude hacia la calle. Esperé un taxi y entre. Esté me llevó a la casa, pero creo que me quedé dormido dentro del auto. Es que el chofer empezó a decir: – Levántese, ya hemos llegado – No sé cuánto tiempo tome para llegar del auto a la cama, pero he despertado, creo que dormí algunas horas, aún así necesito algo para comer.

Ese robot que trajo Anlly hace meses fue abandonado por el cliente, no lo solicitó de vuelta. Lo examine detalladamente, es un humanoide, un modelo antiguo, tan antiguo que en su disco no está incrustado las leyes de la robótica, así que podría agredir personas. Re instale el sistema, baje una versión pirata de la web profunda. Según incluye paquetes de mercenario y sicariato, tal lo que necesito. El sistema me pidió los datos del objetivo o en este caso del desgraciado que está golpeando a mi ex. El último paso para la configuración tenía dos opciones: Aniquilación o inmovilizar. Seleccioné la segunda. Estas configuraciones fueron sencillas, pero el robot le faltaba una pierna, reconstruirla me toco una semana. Su apariencia tocaba lo moderno, tenía equilibrio entre cada una de las partes de su cuerpo, pero la pierna pareciera sacada de una bodega de hace 50 años, es que no coincidía para nada del resto de su cuerpo, aún así es funcional.

Llegué a la azotea justo a las veintiún horas. Al robot le ordene que se quedará sentado justo al frente del edificio. Evelyn estaba en la habitación. El mal parido entró al edificio, vio al robot de reojo, no lo tomo en cuenta. Encendí las cámaras. Observe como Ella hablaba con él, era una conversación algo acalorada, pero no imagine que el desgraciado empujara a Evelyn hacia la pared. Y esto terminó de detonar mi ira. Pulse el botón de ejecutar, fue algo instantáneo, impulsivo.

El robot se acercó hacia la puerta del departamento. De un solo golpe la partió en varios pedazos. El amante de Evelyn está en la habitación, ese ruido lo alarmó de tal forma que salió corriendo para la sala principal. Recorrió con su mirada cada esquina pero no percató que un puño metálico se acercaba hacia su rostro. El golpe no es suficiente para noquearlo. El robot intento de nuevo pero esta vez se dirigió hacia el estómago. Aunque el amante soltó algo de aire y se retorcía del dolor logró tomar nuevamente una postura de combate. El robot da un giro, con su pierna anticuada y reconstruida acierta una patada justo al cuello del amante.  De este reventó todas las articulaciones dejándolo sin vida en el suelo. Fue un desenlace no pensado, algo que no fue programado o configurado anteriormente, es que un amor así no funciona.

Publicado el Deja un comentario

Esa silueta de niña

Desde pequeño siempre he sido una persona tímida y callada. Recuerdo una tarde soleada cuando mi maestra de primer grado le dijo a mi madre: “Su hijo necesita terapia con una psicopedagoga, hasta que pueda hablar sin temor”. Eso lo escuche, pero para un niño de esa edad esas palabras no tiene ningún sentido, solo me concentré en seguir rayando la pizarra con aquella tiza áspera y seca, no sabía que estaba rallando, solo me emocionaba cada movimiento y trazo que aparecía de forma milagrosa sobre la superficie.

No estoy claro cuánto tiempo corrió después de esa conversación. Es como si de un día para otro me encontrara en una nueva escuela, con una nueva maestra. También recuerdo que todos los lunes dejaba de ir a clase para ir a esas terapias. Recuerdo un señor gordo, con bigotes gruesos detrás de un escritorio, siempre le preguntaba a mi mama como están las cosas y siempre mi mamá decía que bien. Eso era la única conversación que tenían entre ellos. Ahora, a mi edad pienso que ese señor era el psicólogo de la institución, el encargado de ver algunos pacientes (en mi caso no se si llamarme paciente), y supervisar los avances de los mismos. Esos lunes asistía a varias terapias, una era de conversación, con el objetivo de mejorar mi habla. La doctora o maestra me colocaba una paleta de madera debajo de la lengua, me obligaba a repetir varias sílabas. Hacia ese ejercicio también en casa, pero a diferencia de esta doctora, mi mamá colocaba leche en polvo debajo de mi lengua, era divertido, porque tratabas en lo posible para que la saliba no se mezclara con el polvo, de esta forma duraba más el sabor, pero para ello tenía que pronunciar bien las palabras. Un día fuimos a un local cerca de casa, entramos a un consultorio, una persona vestida en blanco me inyecto, me dijo que abriera la boca lo mas que pueda, que colocará la punta de la lengua en el paladar. En pocos segundos el sujeto introdujo unas tijeras y cortó un pedazo muy pequeño de carne. A partir de ese día las terapias improvisadas de mi madre dejaron de suceder.

Otra terapia que asistía los mismos lunes, eran las mejores, no por las actividades, sino por una niña. Era de piel clara, ojos negros, piel liso y negro. Era un ser simple, pero en ella podía ver un mar de perfección, y de hecho lo era. ¿Qué niña a esa edad, con esas características y con esa sonrisa tan inocente no podría serlo? Pero yo no pensaba en su edad, ni en su inocencia, solo pensaba en lo admirado que quedaba al verla. Nunca comprendí el objetivo de esas terapias, capaz solo existió por hecho del destino, para conocerla a ella. De alguna forma mi mama y la mama de ella mantenían conversaciones. La niña y su madre vivían una estación de diferencia donde nosotros vivimos. Solo por ese hecho nos íbamos los cuatros juntos en tren. En esos viajes me quedaba callado y la miraba durante todo el trayecto, ella se  acostumbro a eso, de hecho de vez en cuando me sonreía, pero muy rápidamente miraba hacia otro sitio.

Ese lugar de terapias era una casa de dos pisos. En la parte trasera había un jardín con algunos columpios. Una mañana estaba con mi madre pasando el momento, jugué mucho tiempo en los columpios, al cansarme me senté sobre la hierba, de repente y por sorpresa apareció esta niña con un carro de juguete entre sus manos. Me lo entrego con la misma sonrisa inocente, yo lo recibí con gusto y me quede mirándolo por buen rato, era amarillo, de metal con ruedas negras de plástico.

No puedo decir si el juguete me gusto o no. No lo recuerdo, tampoco recuerdo si estaba feliz con el mismo. Pero si recuerdo esto: Me encontraba solo en la habitación donde hacía las terapias con objetivo dudoso y misterioso. No se porque estaba solo, tampoco se por que a los minutos estaba acompañado por la niña jugando las escondidas. Corríamos de un extremo al otro de la habitación, el espacio gigantesco nos lo permitía. Ella empezó a contar, creo que de hecho a esa edad no sabíamos los números, pero si pasaban los segundos, lo suficiente como para esconderse en un buen lugar. Yo me escondí debajo de un escritorio a un extremo de la habitación. Ella empezó a gritar mi nombre, lo pronunció varias veces seguidas sin detenerse. Al instante apareció gritando “Te encontré”. Como ella vio que me quede callado mirándola y no realice ningún movimiento, se sentó justo al frente mío, nos quedamos mirándonos, le tomé una mano, era pequeña, tierna y suave. Y sucedió lo más mágico, espectacular y sorprendente. Me beso. Sentir sus labios fue encontrar una parte en mi que hasta ahora no he perdido. Este fue el regalo más grande, imperecedero e invaluable en toda mi vida. El sentido de amar, la conciencia y necesidad de estar con alguien de forma desinteresada para hacerla feliz. No conté el tiempo que duramos debajo de ese escritorio, luego no supe más nada de ella, no se cual era su nombre.

Al pasar los años pensaba en ella. Pensaba en esas escenas, en esos hechos imborrable de mi memoria. En los momentos de soledad, la recordaba y de alguna forma no me sentía tan solo, pero de vez en cuando mis lágrimas salían por si solas. En mi plena juventud conocí una mujer, de piel blanca, ojos negros, pelo liso y negro. Su rostro contenía una sencillez imaginable. Era hermosa. Contuvimos pocas conversaciones, nunca llegamos a hacer amigos, nunca salimos juntos, es que de alguna forma me recordaba a la niña. Después de mantener una llamada telefónica con ella, me senté en mi escritorio, encendí la lámpara y escribí:

Esa silueta de niña

Facciones de princesa.

Manos de fragancia.

Diminuta flor.

Cascada espléndida.

¿Quién evitará chapuzarse en tus encantos?

Deseos de contemplar tu aroma.

Ganas de acariciar tus valles.

¿Quién sería ese irrealista?

Ese perfeccionista.

Pensador y encantador.

¿Cuánto tiempo consagró para imaginarte?

Aunque seas una niña,

mi respeto se arrodilla ante ti,

mi admiración queda boca abierta.

Derramada está la perfección,

desbordada sobrenaturalmente.

Mi segundo enamoramiento ocurrió muchísimo años después. Cuando conocí a Anabel era una mujer desarreglada, mal vestidas, con zapatos rotos y sucios. Siempre en clases se sentaba en el suelo aunque existía muchos asientos disponibles. Era rebelde con las asignaciones de los profesores. Llegaba tarde a todas las clases. Podríamos decir que era un desastre y todo el mundo la tenía como loca. Casi nadie se acercaba a ella, pero yo sí me acerque. Tenía curiosidad de escuchar su voz muy cerca a mis oídos,  y para nada me arrepiento de ello. Su voz era dulce, estaba cargada de niñez, pero de una niñez rebelde. Esto comparado con su mal pose y comportamiento era una diferencia de la tierra al cielo.

A partir de allí andábamos juntos, en los pasillos, en las clases, a los alrededores del campus. Nos convertimos en buenos amigos, en seres inseparables. Hablaba de ella con mis amigos, ellos me decían que me enamore, yo decía que eso era imposible, no sentía nada, pero algo si sentía cuando estaba con ella, me sentía feliz, en esos momentos junto a ella quería que el tiempo se detuviera por completo. Esto se lo dije, de forma clara y sencilla. Pero el hecho de declararme no cambió nada. Todo marchaba como antes, sin ninguna novedad. Hasta que un viaje hacia las montañas lo cambió todo.

Alquile una cabaña por un fin de semana en las montañas. Para ese entonces trabajaba de mesonero en un restaurante japonés. Atendía a los clientes con un elegante hakama de color azul oscuro. Al principio los saludaba en japonés, a la mayoría les gustaba esa atención, muy pocos me seguían la conversación en el mismo idioma, por lo general estos clientes se volvían mis amigos y poco a poco con el tiempo estableci una red muy amplia de contactos. El hecho es, que con esto ganaba modestamente mucho dinero. Alquilar la cabaña y prepararla para Anabel no fue un gasto mayor. La alquile sin consultar a ella, estaba 100% seguro que les gustaría la idea y así fue.

Llegamos muy temprano alrededor de las once de la mañana. Entre los dos preparamos el almuerzo. Verla cocinar me daba una sensación de alivio, es que estas al lado de la persona que quieres estar y es como si estuvieras completamente seguro que nunca se va a ir. Comimos, compartimos anécdotas personales. El ambiente y el momento no cambio nada entre nosotros, nos seguimos viendo como amigos, esto me empezó a molestar un poco. Quería estar más lejos, llevarla a lugares inesperados para nunca volver, para desconectarnos del mundo. Al terminar recogimos y limpiamos todo, después le sugerí salir un rato, seguir el camino cuesta arriba y ver el jardín de piedras, a ella le gusto la idea. Duramos mucho tiempo en el jardín, vimos rocas de todo tamaño color y forma. Yo no dije muchas palabras. Ella me pregunto que pasaba, le dije que quería regresar a la cabaña y hablar un rato. Ella asintió. En la cabaña nos sentamos sobre la cama. Ese día ella estaba muy sumisa, por lo general es terca y nunca acepta órdenes de nadie, pero ese día confió en mí y se dejó llevar. Dejó que la besara. Fue un beso largo y pasional, fue nuestro primer beso. Pero fue extraño, una barrera entre nosotros se rompió dejando suceder lo impensable.

Metí mi mano bajo su blusa, desabroche su brasier, este cayó de forma ligera al igual que sus senos. La besé desde la frente hasta el orificio de su ombligo. No podía detenerme, desde hace meses la deseaba de esta manera y ahora no quería detenerme, quería continuar hasta que el tiempo y el espacio dejará de existir. Ella tomó mis manos y las alejo, se separo de mi y se quitó los jeans. Se quedó totalmente desnuda. Se recostó boca abajo. Espero hasta yo también quedar desnudo. Pase mi mano sobre su espalda, llegue a sus tiernas nalgas. Sus pies se balanceaban sobre el aire de un lado a otro. Tome unos de ellos y los bese, bese cada espacio entre sus dedos, de esta forma baje hasta llegar nuevamente a sus nalgas. A partir de ese momento solo supe que estaba dentro de ella. Ella empezó a llevar el control de mi existir.

Seguimos siendo amigos. Nunca tuvimos una conversación acerca de nuestra relación especial. Nunca hablamos de nosotros. Pero seguí estando dentro de ella y en cada ocasión me perdía más y más. Me sentía feliz, me sentía completo y seguro, tanto asi que compre un anillo de bodas.

Antes de hablar con Anabel necesitaba tiempo para pensar, para buscar las palabras adecuadas. Por eso me fui a un café. Pedí un capuchino y un dulce de leche. Casi al llegar a la mitad de la taza la vi a ella. La misma sonrisa inocente, la misma silueta de niña, pero se le han sumado los años igual que a mi. No podría creerlo. Ante mis ojos estaba aquella niña por la cual lloré y pensé por muchos años. Luego la olvidé por algún tiempo. Estaba allí frente a mis ojos. Tenía que acercarme, hablar con ella y estar completamente seguro de su identidad. Y me acerque lo más tranquilo posible.

— ¿Puedo hablar con usted por un momento? — Esas palabras me costaron una brutalidad decirlas. Me miró, sonrió y dijo:

— Por supuesto. ¿En qué puedo ayudarle? —  

— ¿Cuando estaba pequeña usted asistía a unas terapias de lengua al oeste de la ciudad? —

— Si —

— ¿Y las terapias eran todo los lunes?–

— Si — Al escuchar ese segundo “si” meti mi mano en el bolsillo, saqué el carro de juguete y lo coloque sobre la mesa. Ella al mirarlo se le aguaron los ojos, se llevó las manos hacia la boca y pronunció mi nombre. Una lágrima recorría su mejilla derecha. Al instante supe que debía tomar una decisión, devolver el anillo o seguir el plan original. Deje que el amor lo decidiera.

Escrito por Moisés Contreras
@moiselias